#5 El dinero que no debe trabajar

Colchón de seguridad y fondo de emergencia en el camino a la IF

Durante mucho tiempo tuve un pequeño conflicto interno con mi fondo de emergencia.

Cada euro que dejaba parado, sin invertir, me parecía un euro perdiendo la oportunidad de generar dividendos o primas. Cuando uno vive pegado a la cartera cada día, todo el capital ocioso empieza a sentirse como un error. Como si estar líquido fuera una forma de fallarle al proceso.

Tardé en entender que ese razonamiento, llevado al extremo, es exactamente el que deja a la gente vendida cuando de verdad lo necesita. Esta semana te hablo de un tema que mi amigo AlejandroHR me preguntó en el pasado artículo del blog: el colchón de emergencia. 


El error que comete casi todo inversor centrado en la rentabilidad

Cuando llevas años optimizando cada euro —eligiendo en qué empresa entrar, cuándo ampliar, qué prima exigir a una opción— desarrollas casi sin darte cuenta una aversión al dinero parado. Todo tiene que estar trabajando. Todo tiene que estar generando algo.

Esa mentalidad es buena para construir patrimonio. Es peligrosa si la aplicas sin matices al 100% de tu capital.

El problema no es tener liquidez. El problema es confundir tipos de liquidez que no son intercambiables cuando llega el momento que importa.


Colateral no es lo mismo que fondo de emergencia

En mi cartera guardo una parte de liquidez que uso como colateral para vender opciones. Ese dinero sí está trabajando: genera primas mes a mes, es parte activa de la estrategia. Durante un tiempo pensé que esa liquidez ya cumplía la función de colchón. Que tenía cubierta esa base.

No es así. Y la diferencia importa más de lo que parece sobre el papel.

Ese dinero, aunque parece líquido, está comprometido. Si me asignan una opción, se convierte en acciones que quizás no quiero vender en ese momento concreto. Si necesito el dinero de verdad, rápido, sin condiciones, ese colateral no me sirve: tengo que deshacer posiciones, esperar la liquidación, aceptar el precio que haya ese día. Te recuerdo que yo tengo un 15% de mi estrategia de liquidez y que es te momento ronda los 40-45k€.

Un fondo de emergencia de verdad no puede tener esa fricción. Tiene que estar ahí, disponible, sin preguntas, sin depender de lo que esté haciendo el mercado esa semana. Sin que tenga que vender nada para acceder a él.

Conviene aclarar que colchón de seguridad y fondo de emergencia no son lo mismo aunque a veces se usen como si lo fueran. El fondo de emergencia es el clásico: 3 a 6 meses de gastos guardados fuera de la inversión para imprevistos de vida, una avería, un mes malo, algo que no puedes prever. El colchón de seguridad es un concepto específico de la fase de IF: una reserva mayor, pensada para proteger la cartera del riesgo de secuencia, es decir, que el mercado caiga justo cuando empiezas a vivir de las rentas y te veas forzado a vender activos en el peor momento. Los dos tienen que existir y ninguno sustituye al otro. Tener el colateral de opciones bien dotado no cubre ninguno de los dos.

Son dos funciones distintas que requieren dos bolsas distintas. Mezclarlas es una forma de no tener ninguna de las dos bien cubierta.


Cuánto es suficiente

La referencia clásica es de 3 a 6 meses de gastos. Es un punto de partida razonable para quien tiene una nómina fija y predecible cada mes.

Mi caso es distinto. Mis ingresos combinan empresa, inversiones financieras, rentas de alquiler, primas de opciones y productos digitales. En pleno proceso de transición hacia la independencia financiera, esa variabilidad es todavía mayor: algunos meses todo suma bien, otros meses alguna pata flaquea o hay un gasto extraordinario en los inmuebles.

Por eso me muevo en un rango más amplio. Más cerca de los 8-9 meses de gasto que de los 3-6 clásicos. Esto podría suponer unos 16.000-18.000€. No es una cifra arbitraria, simplemente reconocer que cuanto menos predecible es tu ingreso, más colchón necesitas para no tomar decisiones precipitadas cuando llegue un mes malo o imprevistos: cambio de un electrodoméstico roto, el coche o las extraescolares de los niños no previstas...

Y en algún momento llegará. Siempre llega.

La regla que me funciona: el colchón tiene que ser suficientemente grande como para que, si todo se tuerce a la vez durante varios meses, no tengas que tocar ni un solo activo de la cartera principal. Si tienes que vender acciones o ETFs en un momento de caída para pagar un imprevisto, ese colchón era insuficiente.


Dónde meto ese dinero

Aquí está el matiz que más me costó aceptar: este dinero no busca rentabilidad. Busca disponibilidad. Y aun así, no tiene por qué estar completamente parado sin generar absolutamente nada.

Los fondos monetarios o de renta fija a muy corto plazo cumplen exactamente esa función. Liquidez casi inmediata, sin apenas riesgo de precio, con un rendimiento que aunque modesto, es sensiblemente mejor que dejarlo en una cuenta corriente. En el entorno de tipos que hemos vivido estos últimos años, un monetario decente ha dado entre un 3-4% anual sin volatilidad relevante.

No es donde busco rentabilidad. Para eso ya tengo el resto de la cartera: las acciones DGI, los ETFs de reparto, las opciones. El monetario es donde busco tranquilidad. Son trabajos distintos para partes distintas del capital.


Cuándo el colchón tiene que crecer: la fase de distribución

Durante la fase de acumulación puedes permitirte tener poco colchón. Si viene una caída fuerte del mercado, tienes ingresos del trabajo con los que seguir aportando y aguantar. El tiempo corre a tu favor. En la fase de distribución, cuando empiezas a vivir de las rentas, la lógica se invierte por completo.

Si en el primer año de tu IF el mercado cae un 30% y necesitas vender activos para cubrir el mes, el daño puede ser permanente. Estás vendiendo en el peor momento, reduciendo el capital que genera las rentas futuras, y deteriorando la capacidad de recuperación de la cartera. Es el riesgo de secuencia que tanto se menciona en la literatura de IF, pero que no se interioriza de verdad hasta que estás cerca de vivirlo.

Por eso en mi plan hacia 2027 el colchón crece en los meses previos a la IF. El capital que deja de aportarse a la cartera en la fase de transición no se invierte: va al monetario. Se acumula ahí hasta tener una reserva que permita pasar un escenario adverso sin tocar los activos principales. Solo cuando esa reserva está completa, el excedente mensual vuelve a reinvertirse.

No es un coste. Es lo que hace que el resto del plan funcione aunque el mercado no colabore justo cuando empiezas.


La lección que me costó aprender

Al final, todo esto se resume en una idea que parece obvia pero que cuesta interiorizar cuando uno está enfocado en hacer crecer el patrimonio:

No todo el dinero tiene que trabajar igual de duro.

Parte de él tiene un trabajo distinto: el de simplemente estar ahí, esperando, para que el resto de la cartera nunca tenga que venderse en el peor momento posible solo porque surgió un imprevisto.

Esa parte no es dinero muerto. Es el seguro que hace que todo lo demás pueda funcionar sin sobresaltos.


Lo que viene en el siguiente artículo

Una vez tienes claro cuánto destinas a cada función —cartera de acciones, ETFs, opciones, colchón— el paso siguiente es poner por escrito las reglas que gobiernan cada una de esas partes.

Porque sin reglas escritas, las decisiones se toman en caliente. Y las decisiones en caliente casi siempre son peores que las que tomaste cuando tenías la cabeza fría.

En el próximo artículo te cuento los criterios exactos que uso para decidir qué entra en mi cartera, cuándo comprar y cuándo vender. Sin generalidades, con los filtros concretos.

Suscríbete para no perderte la siguiente entrega.

Compartir
Categorías
Archivar
Identificarse dejar un comentario
4# Los números reales de las tres patas de mi LF
Cuánto genera cada una y qué necesito exactamente para 2027