¿Cuánto necesitas realmente para ser libre?

En esta primera entrada analizamos los gastos necesarios para poder ser libres financieramente hablando

Nuevo BLOG Camino a la Libertad Financiera

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Hasta ahora he publicado mucho sobre empresas de dividendos, ETFs y primas de opciones en las diferentes redes. Ahí hablo de números, de estrategias, de rentas... Pero hay una parte de este camino que no cabe en ese formato.

Este blog nace para contar eso. No verás análisis, sino mi propio proceso hacia la libertad financiera: lo que estoy haciendo, lo que me funciona, lo que no, las dudas que me asaltan algunas noches y también, cuando llegue el momento, cómo es la vida al otro lado. Porque la LF no es una meta donde la historia termina — es donde empieza otra distinta, y quiero contarte también esa parte cuando llegue.

Para arrancar, toca la pregunta que en el fondo decide todo lo demás.

¿Cuánto necesito realmente para ser libre a nivel económico?

Es la pregunta que más se repite en este mundillo y, paradójicamente, la que casi nadie se para a calcular en serio. Se da por hecho un número — "necesito un millón", "con 25 veces mis gastos ya estoy" — sin pararse a desmenuzar qué hay detrás de ese gasto.


El número que todo el mundo busca

La cuenta estándar es conocida: multiplica tus gastos anuales por 25 (la famosa regla del 4%) y ese es, en teoría, tu número de independencia financiera. Sencillo, redondo, y muy útil como primera referencia.

El problema es que esa cuenta parte de un dato que casi nunca está bien calculado: tus gastos anuales reales. No los de ahora, que están condicionados por tener un sueldo entrando cada mes — los de la vida que vas a vivir cuando ese sueldo no esté.


Por qué ese número casi nunca es el correcto

Hay gastos que van a subir. La salud, por ejemplo — cuando dejas de tener una nómina y una empresa detrás, algunas coberturas que dabas por hechas hay que empezar a pagarlas tú. El tiempo libre también cuesta dinero: cuando tienes margen para hacer más cosas, sueles hacerlas, y eso se nota en la cuenta. Los viajes, sobre todo, cambian de categoría: dejan de ser la escapada puntual y se convierten en algo que quieres vivir con más frecuencia y más calma.

Y hay gastos que bajan, casi sin que te des cuenta. La ropa de trabajo deja de ser necesaria. Los desplazamientos diarios se reducen drásticamente. Incluso la comida fuera de casa cambia de patrón cuando ya no tienes la excusa de "no me da tiempo a cocinar entre reuniones".

Cuando hice mis números con calma, el rango quedó entre 20.000€ y 25.000€ anuales — la diferencia entre los dos extremos no son imprevistos, son caprichos: más viajes, algún extra, margen para que la vida no se sienta apretada. Y a esto hay que sumarle algo que en las hojas de cálculo no aparece: la vida no es estática. Mis gastos de aquí a cinco años no son los de ahora — los niños crecen, las prioridades cambian, y un número calculado hoy puede quedarse corto o largo sin que te enteres hasta que ya estás dentro. El calendario escolar de mi mujer, por ejemplo, va a seguir marcando el ritmo del año durante bastante tiempo todavía, y eso también entra en la ecuación de gasto, aunque no se vea en ningún Excel.

Hay otro dato que no aparece en ninguna hoja de cálculo de independencia financiera, pero que para mí pesa mucho: mi mujer es funcionaria, con un sueldo estable que no depende de cómo le vaya al mercado ni a mi negocio. Eso no significa que mis números no tengan que cuadrar por sí solos — tienen que hacerlo — pero da una tranquilidad de fondo que pocas veces se menciona. Saber que hay una base sólida en casa, pase lo que pase con mis inversiones, cambia la forma en que uno se enfrenta al salto. No es la misma decisión dar el paso solo, que dar el paso sabiendo que el suelo de la familia no depende únicamente de que mis cálculos sean perfectos.


Cómo lo estoy calculando yo

La forma clásica de calcular esto es la regla del 4%: acumulas un capital, y cada año vendes un pequeño porcentaje para vivir. Funciona, mucha gente la usa, y tiene sentido matemático. Pero a mí me genera una incomodidad de fondo: significa que cada año tengo que deshacerme de un trozo de lo que he construido, esté el mercado arriba o abajo.

Yo estoy intentando construir algo distinto. En lugar de depender de vender una parte de mi patrimonio cada año, busco que sean los ingresos pasivos — dividendos, ETFs de reparto, primas de opciones — los que cubran el gasto directamente, sin tocar el capital. Es la lógica de lo que algunos llaman una "fábrica de ingresos": no se trata de cuánto vale el patrimonio, sino de cuánto genera mes a mes sin que tengas que liquidar nada.

Con unas rentas de en torno a 2.500€ al mes, las cuentas me salen incluso en el escenario más generoso de gasto — y todavía queda margen para seguir invirtiendo una parte, en lugar de vivir al límite exacto de lo que entra. Mi horizonte para esto es 2027. No porque sea una fecha mágica, sino porque es cuando varias piezas de mi vida encajan a la vez, y prefiero ser transparente con eso en lugar de dar una cifra exacta que mañana puede cambiar.

Esto no quita que tenga que hacer la cuenta de gastos igual que cualquiera — pero cambia la pregunta de "¿cuánto patrimonio necesito?" a "¿cuánta renta necesito que llegue cada mes, pase lo que pase con el mercado?". Es una diferencia pequeña en la frase y enorme en cómo duermo por las noches.


Qué vas a encontrar en este blog

Esto no va a ser un curso ni una guía paso a paso — para eso ya tengo otros sitios. Aquí vas a leer el proceso real, con sus aciertos y sus dudas, contado más o menos cada quince días. Algunas entradas serán sobre números, otras sobre cómo encaja todo esto con la vida normal — familia, trabajo, entrenamientos — y, cuando llegue el día, sobre cómo es la vida cuando el "tengo que trabajar" deja de estar en la ecuación. 

Si te apuntas al boletín de este blog, te avisaré de cada nueva entrada. Gracias por venir a leer el principio de esto.

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